“Yo suelo caminar a contracorriente por las calles de los sueños obedientes, solo entre la gente, valiente entre cobardes… Con la cabeza fría mientras el corazón arde. Voy sin rumbo por la Tierra redonda, yo y mi sombra haciendo del camino mi alfombra. Mira, no dejaré de perseguir ese lugar donde los pájaros de mi cabeza quieren emigrar. Y allá, más allá de las palabras y el sonido. Vamos a llevarte donde hablan los sentidos… Nuevo nivel, viaje a lo desconocido, un alma y una piel es el equipaje requerido.”
Sigo siendo independiente, fuerte, consciente y prudente. Sigo sonando igual, sigo apretando los dientes, sigo aspirando a más siempre, arriesgando. Este mundo es solo para valientes.
Sigo soñando en mi cama, entrenándome para el mañana. No me faltan ganas, quiero entrar ya en el nivel siguiente.
Y sigo porque no creo que pierda el ritmo, sino prometo dejarlo aquí mismo.
Puedes ganar batallas, levantar imperios y salir adelante currándotelo.
Lo malo es que jamás va a ser suficiente.
Mi paraíso mental.
Entonces, ¿cómo funciona todo esto? Es decir, somos parte de una gran masa de mierda, a ratos homogénea cuya filosofía se basa en el ideal del “qué dirán”. Por eso, basta con esconderse detrás de aquél que esté a tu lado a modo de camuflaje. Así funciona esta mierda, un cabrón toma la iniciativa y cambia de manera que al instante y por inercia, cambian todos. Bien, si ésto se siguiese a rajatabla en teoría todo sería muy fácil. Obviamente nos queda un “pero”. Debajo de esa burbuja de mentiras, engaños y apariencias aparece una voz, esa voz solo puede ser escuchada por cada uno de nosotros y es ella la que decide cuando te sientes en lo más alto y cuando estás tocando fondo. Esta voz también genera una gran impotencia, la impotencia de no poder ser expresada porque en el fondo todos formamos parte de esa misma masa de mierda, pero nadie jamás podrá escuchar ni la mitad de lo que dice la voz de otro. El lado bueno (si a algo se le puede llamar bueno) es que esa voz es la que otorga soluciones y te ayuda a conocerte, lo difícil es aprender a domesticarla. Esa es la voz que te guía durante la rutina que se repite siempre. Te levantas, vives y te acuestas. Este ciclo se repite día tras día y en la voz se almacenan tus memorias, tus deseos y lo que te hacen “ser tú mismo”, algo que realmente es inútil porque siempre te camuflarás detrás de ese que está a tu lado. ¿Dónde se descarga todo lo que almacena la voz? En los sueños, quizá. Mundos que crea la voz, impredecibles, irreales pero… también inútiles ya que la voz se encarga de borrarlos, ninguno escapa. A falta de una evasión, sólo nos queda intentar disfrutar de esta gran masa de mierda mientras intentamos conocer a la voz.
“It’s just a reflection, SO BE STILL”

